lunes, 5 de diciembre de 2011

Autorretato

Gustave Courbet. Autorretrato: hombre desesperado.

De un tiempo a esta parte no soy yo. O sí lo soy y nunca antes me había dado cuenta. Soy caótica, desorganizada, un desastre personificado. Estoy hasta arriba y eso me lleva hasta abajo. Soy un péndulo en constante movimiento, pero a la vez estoy estancada. Me siento perdida y al mismo tiempo sé dónde encontrarme. Busco referentes y ejemplos a mi alrededor; y sin embargo, creo que yo misma soy mi mejor punto de partida y de llegada.

¿Y esto qué sentido tiene? Es mi breve autorretrato de una mañana fría, muy fría, de otoño. El análisis sin fundamento de la fase en la que me encuentro en relación con los pequeños fragmentos que comentamos en clase.

¿Estoy en una fase de estancamiento? ¿O es un desequilibrio inestable? ¿O esta es mi fase de transición a alguna parte?

No sé, quizás es sólo el frío, que nunca me ha sentado bien. O quizás es que en el fondo aún sigo siendo una adolescente que no termina de ubicarse y hay días que te sientes como un "niño perdido", o experimento una breve regresión a la pubertad...

martes, 8 de noviembre de 2011

Ser como spiderman

Desde hace mes y medio, desde que nos metimos de lleno en el Máster de Formación, nos han insistido mucho en la formación continua del docente, en la importancia de la figura que estos encarnan (y que nosotros esperamos encarnar algún día) y en la importante labor que desarrollan. Un profesor no es sólo una figura de autoridad que se sube a una tarima para soltar su perorata, independientemente de la materia que imparta, y se va a casa a esperar la nómina.
Lo más fácil sería verlo así. No nos engañemos, es la mejor opción, porque no te implicas emocionalmente con tus alumnos, no sientes presión social por la labor que desempeñas, y además no tienes que renovar tu trabajo, tus clases, de forma habitual. Opositas, consigues plaza, te preparas unos cuentos temas y los repites una y otra vez delante de una clase hasta que te llegue la jubilación. ¡El plan perfecto!

Sin embargo, nos están enseñando una cosa totalmente diferente. Algo que seguramente muchos de vosotros ya hubiéseis comprendido hace tiempo. Los profesores, son guías de las nuevas generaciones. Es más, un docente tiene la posibilidad de formar a los miembros de la sociedad del futuro. Porque en los centros educativos se supone que no sólo se enseña por enseñar materias sin aplicación ninguna en la vida real. Los profesores educan en valores, en moral; crean ciudadanos.

Esto era algo que yo ya tenía en cuenta. Por eso no quería limitarme a ser la típica profesora a la que no le importan que los chicos no aprendan o que se maten entre ellos, siempre que le permitan terminar su lección. El problema es, que aunque me hubiese planteado no ser así, no había asumido realmente lo que significa. Un profesor tiene mucha responsabilidad en sus manos. Lo que haga en el aula, para bien o para mal, va a influir en los alumnos, en el tipo de personas que se convertirán y en cómo se relacionen con el resto.

Ayer durante las clases, mi cabeza hizo click y empecé a comprender esto. No puedo tomarme a la ligera la enseñanza. Eso no es lo que harían los superhéroes. Ellos, que tienen tanto poder en sus manos, deben de ser conscientes de una premisa, la más fundamental tanto para salvar al mundo como para educarlo:
"Un gran poder conlleva una gran responsabilidad". Por eso debemos ser cuidadosos con lo que hacemos y tener en cuenta las consecuencias de nuestros actos...

sábado, 29 de octubre de 2011

Algo huele a podrido en Dinamarca

Llevaba ya un tiempo notando que esto de la docencia huele a chamusquina.

Hace años, cuando apenas era una quinceañera que no sabía ni por dónde le soplaba el aire, ya había decidido que yo quería dedicarme a la docencia. Más bien, que yo me iba a dedicar a la docencia. Como todo hijo de vecino, es algo que hablé con mis señores padres y les expliqué mis motivos: me encantaba la Historia, estudiarla y entender su valor, pero también trasmitirlo. Por eso ya me veía al frente de una clase, explicando todas esas cosas de batallas y fechas a un grupo de alumnos a los que yo sería capaz de llegar por mi entretenida explicación y porque apreciarían la utilidad de mis enseñanzas. Estaba harta de los profesores que sólo te hacían memorizar y me encandilaban aquellas nuevas generaciones que pregonaban una enseñanza participativa y bidireccional.

Dicho así, parece que toda persona con grandes dosis de ilusión y un grave síndrome de "intento de cambio y mejora de futuro", tenía cabida entonces en la docencia. Y de hecho esto es lo que se sigue pregonando desde la enseñanza. En nuestras clases nos hablan de hacer enseñanza de calidad que desechar los modelos tradicionales, del acercamiento al alumnado para dar lugar a un entorno educativo donde todos participen, aprendan, aprehendan y se desarrollen, no sólo como estudiantes, si no como personas. La educación como inversión de futuro.

Sin embargo, algo no encaja en esta visión de conjunto. De un tiempo a esta parte a veces tengo la impresión de que no es necesariamente el más válido, el más innovador y el más entusiasta el que llega a la educación. Sin intención de generalizar u ofender. En mi humilde opinión, en el caso de la enseñanza privada, el más válido es el que mejor currículo tiene. El que más títulos ha almacenado o el que mejor ha sabido alimentar sus propias redes clientelares. En el caso de la educación pública... ¿Qué decir? En la situación en la que nos encontramos se desecha al más válido; llegando finalmente a la meta de la docencia aquél que ha podido permitirse completar su curriculo con los requisitos de un máster "público" no apto para todos los bolsillos, con unas oposiciones dónde debes invertir dinero, tiempo y fuerzas. Así que, incluso en este caso, el que llega a obtener una plaza, ¿es siempre el más válido o simplemente aquel cuya economía puede permitirse determinados gastos y además conserva la esperanza pese a cada recorte y a cada eliminación de plaza?

En los últimos días he desarrollado un sentimiento de desazón ante esta situación. Además incrementado por la sensación de formar parte de una generación perdida a la que la crisis y las antiguas generaciones no dejan paso, pero que en cuanto puedan, las nuevas generaciones quizás acaben con nosotros.

No soy capaz de ordenar mis pensamientos una vez llegados a este punto del post. Sólo sé que tengo muy presente que va a ser difícil encontrar nuestro sitio y realmente no sé por qué. No llego a entender las trabas que encontramos en nuestro camino; las trabas que no sólo nos ponen "los de arriba", sino las que también nos ponen "los de más abajo".

Sentía la necesidad de compartir mi último acercamiento a la docencia para que quizás podáis entender este sinsentido reflexivo. Hace unos días fui a un centro de secundaria, llamémoslo X, con la intención de que fuese ese mi centro de prácticas. Tras mil paseos de un lado a otro, búsqueda de información acerca de la legislación, decretos y forma de proceder, me llevaron a hablar con el director, tras apenas un mes de intentonas... La respuesta del director del centro X ante mi petición, fue llana y simple. Un primer NO rotundo, vino seguido de una explicación un tanto desagradable "no somos centro de práticas. Si te aceptamos a ti, acabaremos aceptando a cualquiera."
Supongo que no es de extrañar que sus palabras me chocaran y acabara por pensar que algo huele a podrido en la docencia. Si un centro público descarta a un proyecto de profesor en prácticas por... ¿Por qué? ¿Falta de credenciales, de un currículo excelente, de unas amistades en el entorno educativo?

No sé, quizás el problema es mío, que aún sigo pensando que la docencia es algo que llevas dentro, que eres válido porque te apasiona y te dedicas en cuerpo y alma a ello, porque no pierdes la esperanza. Se ve que aún no he sido capaz de ver que quizás se necesita algo más, algo que por ahora se escapa a mi entendimiento y que, muy probablemente, ya debería haber ido cultivando desde los quince años...

viernes, 28 de octubre de 2011

De identidad y conceptos

Como buen inicio de cada blog, lo que procede es hacer una pequeña presentación. La regidora y escritora prinipal de este blog, una servidora, se enorgullece de darles la bienvenida a los inhóspitos y tortuosos senderos de mi mente y de mis reflexiones.

Me gustaría presentaros este espacio como un lugar de sabiduría, de debate; una fuente de conocimiento en la red. Pero probablemente sería mentiros descaradamente. Aspiro a que esto sea un lugar de debate, sí; pero lo más importante es que me sirva para reflexionar y pensar y pensar y darle vueltas a mil y un temas y buscarles explicación aunque no la tengan o darles un sentido que no habían tenido antes. Para ello espero ser capaz de publicar con cierta asiduidad. No quiero engañaros, me conozco desde hace 23 años y soy la personificación del refrán "arrancadas de caballo y paradas de burro". Lo que viene siendo una persona a la que le cuesta coger una rutina, que sí, que empiezo con muchas ganas cuando me propongo algo, pero también finiquito las cosas aún sin acabar por pura vagancia. Aunque al menos, lo reconozco.

Podría decir mil y una cosa más, pero creo que lo mejor es que dé el pistoletazo de salida a esto y poco a poco veáis cómo soy realmente a través de mis escritos; ya sea para bien o para mal... Sin más dilación, bienvenidos a La pecera de Charming, un blog cuyo nombre es un guiño a cierta serie televisiva y cuyo contenido ya iremos etiquetando más adelante según vaya publicando.

Querido público, gracias por su atención. Un saludo.